miércoles, 3 de junio de 2015

CAPITULO 26





Y ahora con el helado que tenía en la mano y se estaba derritiendo, se estaba sintiendo una tonta. No tenía porque hacer lo que estaba haciendo, pero por alguna extraña razón sentía que era lo adecuado. Pero el calor que estaba haciendo, no ayudaba de mucho. Empezó a saborear el suyo, y a la segunda lamida vio a Sara, al fin saliendo de la escuela y le gritó.


Vio que Sara se quedaba parada, sin avanzar hacia ella. 


Pensó si no había sido una locura, pero ya no había vuelta atrás. Caminó a paso decido hacia la pequeña y le extendió el barquillo.


― Lamento mucho no haberte acompañado en la mañana.


Sara extendió su mano lentamente para tomar el barquillo.


 Ella no era conciente de las miradas de asombro al ver a una empleada darle algo tan personal para quien trabaja. Y ninguna podía sentir las miradas de celos y de envidia de algunos jóvenes de tener tan bello momento.


― ¡Vamos, cómetelo! Se te va a derretir.


Sara reaccionó al fin, le dio una tímida sonrisa y empezó a saborear el helado. Paula la imitó , le quitó su mochila de la espalda, y caminaron hacia el auto. La ayudo a subir y después se dirigieron a la casa. Durante el camino todos estaban en un cómodo silencio, disfrutando.


― Te tengo una sorpresa.


Sara la miró y estuvo a punto de dejar caer el helado. 


Gracias al cielo no pasó eso, no quería que la Sra. Perkins le dijera algo.


― ¿Una sorpresa? ¿A mí?


Paula se acabó su helado y se chupó un poco que había caído en el dorso de la mano.


― Bueno, no es técnicamente todo para ti, pero espero que te guste. Cuando lleguemos a la Mansión lo verás.


Sara asintió, sintiendo una ebullición en su interior incapaz de definir. Un cosquilleo que iba de su estómago a sus extremidades.


― ¿Podrías poner música por favor?


Paula la miró desde el espejo y sonrió. Miró a Augusto y este alzó los hombros, como dándole a entender que cualquier estación estaba bien.


Después Avril Lavigne empezó a sonar. Fue sorprendente ver que Sara se sabía tola letra de “Complicated”, y gracioso ver su meneo de cabeza, tipo rockera. Paula le hizo a señas a Augusto para que disimulara, y ambos disfrutaron el show de Sara.


Llegaron a la Mansión y Paula casi se echó a llorar al ver que las cámaras ya estaban instaladas, ahora lo único que le faltaba era alguien que estuviera pendiente de ellas. Suspiró pensando en Leandro, ojala no se la pusiera tan difícil.


Augusto apagó el motor y bajaron del auto.


― Vamos Sara, Augusto llevará tu mochila a la casa grande ― caminado hacia la casa de la piscina bordeando el patio.
― Pero…


Sara miró la casa y después a Paula.


― ¿Qué sucede? ― preguntó Paula.


― Me tengo que cambiar primero. La señora Perkins me estará esperando además.


Paula lo pensó un par de segundos, y tenía razón. La señora Perkins no se veía nada agradable, y no quería más problemas para Sara. Asintió y le dio un par de minutos para alcanzarla en su casita, pero que no tardara mucho, porque tenía que salir.


Sara fue corriendo velozmente hacia su habitación, ni siquiera saludó a Jaime quien estaba en la puerta. Había pasado de él, y subió las escaleras con igual velocidad sonriendo. Jaime no pudo evitar soltar una cálida sonrisa. Al fin veía a Sara comportarse como lo que era, una niña feliz. 


Después tosió y acomodó su rostro impasible, esperando que nadie hubiera visto ese episodio.


Paula esperó un par de minutos más, y al cabo de veinte minutos se dio por vencida y caminó a la casa grande. Entró por la puerta de la cocina, y saludó a Mary, y le preguntó por Sara pero esta le dijo que no la había visto. Se encontró a Jaime y le preguntó por Sara, y este le dijo que la había visto hacía minutos, que lo más seguro es que estuviera en su habitación Sintiendo un nudo en la boca del estómago, Paula caminó hacia las escaleras y en el segundo piso, fue hacia la habitación de Sara, cuya puerta estaba entreabierta y podía oír a Sara.


―… aunque sea un minuto, no voy a tardar mucho.


― No Sara, tu tarea primero. Después tienes que repasar tus clases de piano.


― ¡Por favor!


Paula se quedó en la puerta, recordando cuantas veces había dicho ella por favor, y cuantas veces había llorado, después de la muerte de su madre. Apretó con fuerza el pomo de la puerta y entró con fuerza.


― Sara, vine…


Sara se limpió rápidamente las lágrimas que bañaban su tez de porcelana, pero Paula las vio.


― ¿Qué está pasando aquí?


La señora Perkins, quien estaba en un rincón de la habitación, acomodando el uniforme de Sara, se acercó a ella y la miró con furia.


― Sara no puede salir. Tiene muchos deberes que hacer.


Paula no le importó un comino lo que dijo, y se acercó a Sara, poniéndose de cuclillas para verla. Sara huyó de su mirada pero Paula gentilmente la obligó a mirarla.


― ¿Estás bien?


Sara asintió e hipó, tratando de callar sus sollozos. No quería que Paula la viera así.


― Haré mi tarea, sólo quería ver el regalo y después regresaría. ― contestó Sara con voz casi inaudible.


Paula asintió, le dio una palmadita en sus manitas y se levantó. Le dio la mano.


― Vamos.


Sara miró la mano, después a Paula y después a la señora Perkins, pero esta se acercó a ellas antes.


― Lo siento mucho, Señorita Chaves, pero Sara…


Paula la miró sin ganas y pensó que esa mujer ya le estaba gastando la paciencia.


― Sé que Sara tiene mucha tarea, pero también sé que es muy inteligente y la puede hacer en cualquier momento. No me la voy a llevar por un día, sólo unos minutos, si tiene algo de que quejarse, se puede quejar con el Señor Alfonso. ― Después volvió a extenderle la mano a Sara ― ¿Vienes?


Sara la tomó rápidamente y Paula salió con Sara de ahí. 


Ninguna de las dos vio a Jaime, que escondido, había escuchado todo. Se alegraba de que alguien por fin pusiera en su lugar a esa mujer.


Paula y Sara salieron de la casa sin decir una palabra, y caminaron hasta la casa de la primera. Cuando estaban a punto de llevar a la casa de la piscina, Paula se detuvo y se colocó enfrente de Sara. La tomó de su cintura y le habló.


― Sara.


Sara no quería mirarla, pero el tono de su voz, tan comprensivo, era como un canto de sirenas que la obligaba a alzar la mirada.


― ¿Alguna vez la señora Perkins te ha pegado?


La niña negó rápidamente.


― No, nunca. ― contestó horrorizada y después se sintió mal por toda la escena que había hecho.


― Entonces, estabas llorando porque…. ― dejó la oración sin terminar esperando su respuesta. Vio que Sara se ponía ligeramente sonrojada.


― Quería venir, pero la nana dijo que tenía que hacer tarea. Pero yo tenía muchas ganas, y cuanto más le pedía permiso, más se… ― Calló y después inhaló profundamente ― Ella jamás me ha pegado.


Paula analizó las palabras de Sara. Si bien podría mentir, la expresión en su rostro le decía que no lo había hecho. Era una niña demasiado inocente para esas cosas. Paula asintió unos segundos después.


― Bien, pero si pasa algo como hoy, quiero que me digas. Y ahora limpiemos esa linda carita ― dijo a la vez que con sus manos, enjuagaba el rostro de Sara ― antes de que veas mi sorpresa.


Después Paula entendería que a veces el amor a primera vista si existía. Sara había visto a Coco y había gritado de alegría y había corrido hacia la gata. Después de rascadas en la panza y lamidas Paula vio con satisfacción que Sara estaba sonriendo de nueva cuenta. Pensó en el cuadro que había encontrado al entrar a su habitación, y en contárselo a Pedro, pero habían hecho un acuerdo silencioso el día que había aceptado ese trabajo. Pero cada día le estaba costando más y más mantenerlo.


― Desde ahora, cada vez que puedas y quieras, puedes venir a jugar con Coco, aunque el juego será rascarle la panza y no hacer nada.


Coco exigió atención en ese momento, estirándose su cuerpo y acercándose más a la mano de Sara, que había detenido la cepillada con su mano. Ambas rieron sin poder evitarlo.


Paula la dejó sola unos segundos para hacer una llamada, mientras Sara vio en la mesa extendido el periódico. 


Normalmente no lo leía, pero había una foto de Paula y eso pudo llamar la atención. Tomó a Coco entre sus brazos, caminó a la mesa y extendió el papel.


“Paula Hunder termina el silencio. Por Larry King”


“Es muy raro que como editor en jefe haga reportajes, dado que una vez que alcanzas altos cargos, las obligaciones cambian. Pero cuando tienes la oportunidad de regresar al campo de acción, jamás la desaprovechas.
Siguiendo la carrera del candidato Pedro Alfonso, Familia Alfonso nos enteramos de que contrató un nuevo personal de seguridad. Se han de preguntar ¿Qué tiene de especial esto, ya que muchos personajes contratan guardaespaldas?
Paula Chaves, una de las mejores guardaespaldas del país, ha sido contratada esta semana por la Familia Alfonso. Lo fascinante de Chaves, no es sólo que sea una mujer peleando en un campo de trabajo difícil en su género, sino que es también hija de una de las familias más aristócratas de Los Ángeles. Chaves se cambió el apellido, que originalmente era Hunder. ¿Les suena? Así es, Paula Chaves, antes Paula Hunder es la hija del prolifero senador Rafael Hunder y de su esposa (Q.P.D.), Sofia Hunder. Sin embargo, es un secreto a voces que ambos, padre e hija se han distanciado desde que Chaves dejó la casa.
Con rasgos clásicos, y una esbelta figura, herencia de su madre, bien se podría confundir a Chaves con una modelo, como lo hizo una de sus predecesoras, Anna Loginova, una de las guardaespaldas más famosas y seductoras de toda Rusia. Cuando la vi acercarse lentamente uno puede pasar su pelo castaño cobrizo que brilla con la luz del sol, o esa barbilla estilizada pero firme. Pero lo que más me impresionó es su mirada. Con un aire de seguridad que muy pocas personas tienen, Paula Chaves se presentó.
El Times L. A. tuvo la oportunidad de tener en exclusiva una entrevista y averiguar que hay detrás de esta misteriosa mujer. Puedo decirles de primera mano que la señorita tiene una de esas miradas congeladoras, pero para los que conocen a este viejo hombre, saben que nada le espanta. Eso sí, jamás intenten meterse con ella. Se de muy buena fuente que tiene un buen gancho al hígado y una patada voladora de calibre….”


El reportaje seguía y seguía en más de dos hojas del periódico. Se maravilló de las fotos. Supuso que la mujer castaña era la madre de Paula, y estaban en el césped jugando con un gato blanco. Era igual a Coco. Entonces Coco era hija de la mascota de su madre. Sara entendía perfectamente lo que era no querer separarse de algo de un padre que había muerto. Ella tenía escondida una bufanda de su madre. A pesar de no recordarla, algunas veces podía oler un perfume sutil desprenderse de esa prenda.



La otra foto la dejó encantada. Era una de ella y de Paula, antes de entrar a su casa. En la foto no aparecía pero sabía que Jaime estaba parado en la puerta, mirándolas de hito a hito. Paula se veía muy bonita en la foto, con su pelo resplandeciendo y sus ojos cerrados por las risas. Incluso ella reconoció que no se veía mal, vestida con su uniforme del colegio.


Esa mañana, había entrado a la cocina a desayunar, esperando encontrar a Paula con Mariana, y sentirse reconfortada por su presencia. Pero entonces Augusto le había avisado que ella no los acompañaría a la escuela por una emergencia. Sara se había quedado con una expresión insondable. Ni siquiera había disfrutado su licuado de chocolate que Augusto y Carolina habían pedido y le habían dado a ella, ahorrándole el jugo de verduras de Mariana. 


Tampoco había esperado que fuera a recogerla, pero cuando la vio con su ropa de siempre y ese helado en su mano, casi se había echado a llorar. Ella, que jamás recibía una disculpa, y que había sido defrauda demasiadas veces, se había visto reconfortada por una mujer que aunque apenas conocía, sentía como si fueran grandes amigas.


― Veo que has visto el reportaje. ― Sara miró a Paula entrando en la casa ― ¿No está mal, eh? Al menos salimos decentes.


Sara sonrió y señaló la foto donde estaban ambas


― Te ves muy bonita.


― Ey, que no te engañe el artículo. Recuerda que tengo un gancho al hígado de miedo ― Sara hizo como que temblaba, provocando una carcajada por parte de Paula. ― Vamos, tú tienes que ir a hacer tu tarea y yo tengo a una persona que visitar.


Sara asintió, le dio un último abrazo a Coco y salieron de la casa.







3 comentarios:

  1. Hermosos los 5 caps Carme!!! Me encanta la relación q tienen Paula y Sara. Y me reí a carcajadas con la amiga de Pau, May jajajajajajaja

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  2. Me encanta la relacion de Pau y Sarita !!!

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  3. Hermosos capítulos! que lindas que son paula y Sara juntas, se entienden a la perfección!

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