miércoles, 3 de junio de 2015
CAPITULO 24
― Señor, creo que tiene que leer esto.
― Ahora no, John.
― Debo insistir, señor. Tiene que leerlo.
Rafael miró a su secretario, quien le extendía el periódico de esa mañana. Ya había desayunado, pensó, y había leído su periódico favorito, así que no entendía el porque de las insistencias de ello. Tampoco lo gustó el tono de sus palabras, “tiene que” en vez del “debería de”, pero después de muchos años a su servicio, sabía que John no le haría perder el tiempo en cosas que no llamaran su atención. Rafael tomó el papel matizado y se quedó sin habla por un par de segundos. El letras grandes y de color negro estaba escrito: en la primera plana del Times L. A.: “Paula Hunder termina el silencio”.
Fue directamente a la página que indicada el artículo y lo leyó rápidamente. Al terminar de leerlo, sus manos aferraban con furia el papel, no pudo resistirlo, y lo rompió en dos y lo aventó a los pies de John que no se había movido de su lugar.
― ¡¿Cuándo pasó esto?! ¡¿Por qué nadie se enteró?!
Gritaba pero no le importó, no podía esconder su rabia.
Aquella insolente había abierto la boca. ¿Qué más habría contado?
John seguía calmado. Acostumbrado a los cambios de humor de su jefe, se mantenía impertérrito. Para Rafael Hunder todo tenía que salir de una sola manera: su manera.
Sirviéndole durante casi treinta y cinco años, sabía de lo que era capaz su jefe.
Tosió para aclarar su voz.
― Según mis fuentes, la entrevista se llevó a cabo ayer en casa de los Alfonso. King no quería perder tiempo, él mismo redactó e imprimió el artículo. No dejó que nadie más lo tocara, por eso no sabíamos nada.
Rafael aún no podía procesar semejante información. .
Durante años y años su hija se había mantenido al margen de todo. ¿Por qué rayos se estaba involucrando ahora? ¿Y más aún, con Alfonso?
― ¿Cuánto tiempo lleva trabajando ella con Alfonso?
― He investigado sobre ello, al parecer sólo unos días, Es muy reciente. ― Hizo una pausa y después soltó la noticia principal ― Está viviendo en la Mansión.
Rafael golpeó con fuerza la dura madera.
― ¡Maldita desgraciada!
Se levantó y se fue hacia la ventana. Había despertado de un buen humor, había pensado en disfrutar de su día, pero ahora ni el verde pasto artificial que se veía a lo lejos del Bel-Air Country Club le calmaba. Con fuerza, deslizó una mano sobre su cabello oscuro rociado de canas. Más de veinte años peleando con Paula, nunca le había dado problemas en su carrera política, pero de la nada había declarado abiertamente sus intenciones.
“… le preguntamos que opinaba acerca de los misterios que envolvían la muerte de su madre, Paula contestó: Por mi parte, ella jamás tuvo una aventura con nadie… Me encargaré de limpiar el nombre de mi madre.”
Eso quería decir problemas. Para él.
Jamás había pensando que sería un obstáculo. Una senaduría en su record, y ahora iba por la segunda. Un par de años más y su meta estaría al alcance. La gente que lo había apoyado no le gustaría saber que tenía piedras en el camino, así fuera su propia hija. Sabía que por su aspecto, de cuerpo trabajado, pelo medio canoso, arrugas en los ojos, y una mirada estudiada de años, de un hombre tierno y caritativo, la gente lo tenía en un pedestal. Contaba con esa imagen para esas elecciones, pero si Paula abría la boca, todo se iría a la mierda. Y eso no le gustaría para nada a sus patrocinadores, en especial al Tío Benny, su mayor activista.
― Esto cambia todo. Con ella del lado de Alfonso, las cosas pueden ponerse turbias de nuestro lado.
― Pero ella ha declarado que no le interesa la vida política.
Sí, Rafael había leído esa parte también, pero no lo creía ni por un segundo. Quizás a Paula no, pero ella sería el arma que ellos tendrían bajo la manga contra él.
― En el artículo la citan diciendo que ella sólo hará su trabajo, que es proteger a la hija de Alfonso y a él. ― siguió diciendo John al ver que Rafael no contestaba.
― ¡Esto a de ser obra de Miguel! ― Alzó la mano, pero se detuvo a milímetros del vidrio. Tenía que calmarse ― Ese maldito hijo de perra sabe muy bien como jugar sus cartas.
― ¿Quiere que hagamos algo?
Rafael pensó que su ayudante era después de todo eficiente. Podría dar la orden ahora mismo y sus problemas desaparecían, pero lo dudaba. Se giró y volvió hacia John para quitarle el periódico de las manos que había recogido del suelo. En la foto no se veía tan mal, y le recordó a Sofia, pero sólo en la superficie. Paula era todo lo opuesto a su madre. Sólo había visto una vez un vistazo de carácter en su esposa. Una única vez.
― No, tenemos que mantenernos quietos. Dos intentos en estas semanas sería mucha coincidencia.
John hizo una pequeña reverencia y asintió.
― Lo que ordene señor.
Se empezó a retirar, pero Rafael pensó en que él también tenía sus cartas bajo la manga. Ese día le habían declarado la guerra.
― Busca al Dr. Timothy Randall. Necesito tener fuerza de respaldo. Empieza la cacería.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario