miércoles, 3 de junio de 2015
CAPITULO 25
Paula contaba los segundos que Sara tardaba en llegar.
Tenía tantas cosas que hacer ese día, empezando con Sara, visitando a Leandro, y terminando con Pedro. Se sentía todavía incómoda tuteándolo, pero tenía razón, había visto su lado femenino, que desde luego no todos veían, así que tenía que aceptarlo, pero aún así se sentía incómoda.
Mary había corrido para acariciar a la pequeña Coco, mientras que Jaime la había reviso de pies a cabeza, ambas peludas, y le había pedido que no fuera a arañar los carísimos muebles que tenía en su casa. Paula había sonreído y se había ido a su casita, para ducharse y cambiarse, se había dado cuenta de que no había tomado el delicioso café que May le había ofrecido. Se había dado de golpes contra la pared literalmente.
Mientras, Coco había revisado detalladamente la casa, entrando al cuarto, después a la cocina, a la sala, por todos lados, y había encontrado su lugar en el pequeño balcón de la ventaba de la sala, acojinado y con la luz de sol. La pequeña reina había encontrado su trono. Después le había dado los cinco dólares a Augusto por el favor que le había hecho en la mañana con Sara.
Dejando a su pequeña acomodada en la casa, había ido a la cocina esperando no encontrar a Mariana y poder contrabandear una taza de café, pero Mary la había encontrado a medio camino y la había obligado a comer bien. Tuvo que tomar su licuado de chocolate cuando ella lloraba por su taza de café, porque Mariana pensaba que lo amaba, además de y fruta y tostadas. Para colmo de males, la habían hecho compartir desayuno con Pedro en el comedor principal. A solas.
Una palabra: incómodo.
Se puso peor cuando le dieron el periódico a Pedro y ella vio en primera plana su nombre, bueno, su ex nombre, y su foto en la primera plana. Escupió la comida y el agua que había entado engullendo, y a pesar de sus quejas, le arrebató el periódico a Pedro.
― ¿Pero qué…?
Paula no había esperado y se había puesto a leer la noticia con Pedro a su lado. Ese viejo se las pagaría, había pensado Paula. Después el tonto de Pedro se le ocurrió comentar acerca de su amigo.
― Vaya, Larry si que trabajó rápido esta vez.
Ella casi lo ahorca con la servilleta de tela. Para cuando terminó la noticia, no lo podía creer. El tío tenía magia en los dedos a la hora de escribir. Mientras que ella había esperado alguna insinuación de su bando, Larry había dejado claro que ella estaba en ahí por su trabajo.
Entonces había reparado en las fotos de la segunda hoja del periódico. Cuatro fotos, tres de ellas impactantes, cada una la había dejado sin palabras. La primera, que era igual a la de la portada, era de ella en un ángulo de tres cuartos, justo en la terraza, pero no se acordaba de haber estado en esa posición. Se mostraba pensativa y seria.
La segunda era una foto de archivo de ella con su madre, en la entrevista que Larry y ella habían hablado. Pero esa foto no era la que habían publicado. Ahí estaba una Paula de nueve años con su madre jugando con su gata Beau. Más real, más viva. De aquel momento sí que se acordaba. Coco era igual a Beau pero más pequeña. Junto a esa foto estaba una de su padre, aparte, pero esa no le dio sentimiento alguno.
Fue la última la que la dejó sin habla. Vio a una Paula diferente. Incluso cuando se veía al espejo no notaba esos cambios, pero esa foto había captado algo que ella ni siquiera había visto.
Ambos se habían quedado en silencio admirando las imágenes en silencio, incapaces de saber que decir.
Gracias al cielo su pelotón de trabajo llegó y ella pudo excusarse rápidamente. Las cámaras de seguridad habían llegado junto con los técnicos, y habían empezado a colocarlas. Contrataron a una compañía de seguridad con la que Paula tenía buenos tratos y había trabajado anteriormente. También habían llegado los trabajadores para las bardas y para cuando Paula salió de la mansión hacía la escuela por Sara, se habían sentido completamente satisfecha.
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