viernes, 12 de junio de 2015

CAPITULO 55






La tarde había caído. Paula había estado sólo una hora con Robin, y le había sacado más información de la que nadie en años. Se miró en el espejo del elevador, y se limpió las lágrimas. Tenía los ojos rojos y andaba moqueando como niña a la que le habían negado comprar su dulce favorito. 


Sonrió ante la descripción y se limpió con el pañuelo que Robin le había dado antes de salir. Y a pesar de que había hablado tanto con Robin, Paula aún no se había exorcizado de sus peores recuerdos. Pero como Robin le había dicho, aquello llevaría tiempo. Paula por su parte, no quería regresar de nuevo a aquel lugar, pero ya se había hecho la idea. Sin embargo al salir, Robin le había dicho:
― Dile a Pedro que traiga a sus chicos. Declararé contra ese tipo que se dice psicólogo mañana mismo. ― se había acercado a Paula lentamente y la tomó de las manos ― Si alguna vez quieres hablar, te estaré esperando. Pero porque tú lo has decido, no porque es necesario para sacarte de un apuro. ― la despidió con un beso en la mejilla.


Salió del elevador limpiándose las lágrimas, disimulando cuando veía a alguien pasar al lado de ella, pensando en que tenía la oportunidad de no regresar a ese lugar. No volver a hablar. Pero ahora, la caja de Pandora estaba abierta, y los males de su ser querían salir. Salió al exterior y aspiró el aire de la libertad. Entonces abrió los ojos y se quedó absorta. Pedro, recargado contra su Ferrari California, la miraba encantado. Lo primero que pensó Paula es que si quería llamar la atención y gritar “Aquí estoy, dispárenme”, lo había logrado. Pero aquello no era lo más sorprendente. Lo sorprendente era que tenía dos conos de helado en la mano, uno en cada una.


― ¿Qué haces aquí? ― preguntó ella a unos pasos de distancia de él.


Pedro la miró y se sintió mal, pero trató de ocultar sus sentimientos. Sabía que Paula le daría un puntapié si veía compasión en su mirada. Pero sus ojos rojos le molestaban. 


El saber que había estado llorando, y que no había estado ahí para confortarla, le provocaba un dolor inagotable. Así que sonrió, y caminó hacia ella.


― Sara me contó que siempre que salía de la consulta de Robin, tú la llevabas a comer un helado.


Paula sintió su corazón derretirse, un gran nudo en la garganta, pero lo atribuyó a la consulta con Robin. Pedro le extendió uno, y ella tomó automáticamente.


― Gracias. ― saboreó el helado que se estaba deshaciendo ― Pero no me refería a eso.


Pedro alzó los hombros y puso cara de no saber de que hablaba. Paula canturreó su nombre y Pedro suspiró.


― Utilicé la súper excusa de que venía a defenderte de los periodistas. Leandro discutió pero lo convencí. ¿Qué puedo decir? Es mi encanto.


Paula se golpeó la frente con una mano.


― Sí claro, ahora resulta que tú eres el guardaespaldas y yo la damisela en peligro.


― No, lo de guardaespaldas no me va. ¿Qué te parece guardián? ― Paula sonrió y Pedro la miró. Su corazón se paró durante un segundo, preocupado por ella ― ¿Como te fue?


La pequeña sonrisa de Paula se esfumó.


― Prefería no hablar de ello.


Pedro se acercó a ella, y Paula no retrocedió ningún paso. 


En realidad dio un paso hacia él. Lo necesitaba sentir cerca. 


Se inclinó y el rostro de Pedro a pocos centímetros del de ella, Paula cerró los ojos y aspiró su fragancia.


― Cuando quieras hacerlo, puedes contar conmigo.


― Lo sé. ― respondió.


Abrió los ojos y se quedó sin aire. Su mirada estaba tan cerca, y se perdió en ella. La hacían sentir como jamás se había sentido.


No, ahora las cosas tenían sentido.


Lo amaba.


El pensamiento cruzó por su mente como un destello. Y sorprendentemente no le espantó. Si hubiera sido otra Paula, en otro momento, se abría echado a correr, pero ahora, después de la plática con Robin, no podía. Lo amaba con cada fibra de su ser. Por ser él, por querer estar con ella en esos momentos, por traerle un helado. Vaya, hasta le perdonaba que no tuviera un Bentley entre sus lujosos autos. 


Pero jamás se lo diría. Viviría esos días, almacenando recuerdos hasta el día de las elecciones, y después se despediría de su vida tal y como había entrado. Pero antes…


Lo besó, porque ella lo necesitaba.


Y el correspondió porque necesita que ella estuviera bien.


Los helados cayeron en la acera, pero aquello no importó







3 comentarios:

  1. Se me cayeron unas lágrimas con las cosas q hablo con la dra Robin... pobre Paula, y que tierno Pedro.. me encantaron estos capitulos !!!

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  2. Se me escaparon algunas lágrimas con estos caps, qué vida tan triste tuvo Pau!!!! Y me encantó que Pedro estuviera esperándola.

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  3. Ay! que triste y que lindo capítulo a la vez! Ojalá Paula se deje amar como tanto miedo tiene, Pedro la va a sacar de tanto dolor!

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