jueves, 11 de junio de 2015
CAPITULO 52
Paula salió de la casa grande y se fue a la casa de la alberca. No podía decir que era su casa. Ella ya tenía una, y esa casa, era algo temporal, por mucho que le gustara vivir ahí. Era un hermoso día soleado, y el aire se respiraba puro y tranquilo. Había llevado ese día a Sara a la escuela y se había sentido muy feliz al ver que Janet, la hija de Clarisse y otras niñas, iban a por Sara y se iban juntas al salón. Paula la despedía desde la entrada, porque sabía que aquellos maravillosos metros entre la entrada y el salón de clases, ponía al día a las amigas del colegio.
Se mordió el labio inferior recordando la tarde de ayer, cuando había entrenado con Sara. Leandro tenía mucha razón, era muy buena. Para ser una rubia flacucha, habían sido las palabras textuales de Leandro, aunque Paula sabía que secretamente, Leandro empezaba a adorar a Sara. Era algo inevitable. Pero pensó en lo que Pedro diría si se entera de ello. Había pensando decírselo en demasiadas ocasiones, pero al final, siempre se echaba atrás. Quería hacerlo hasta que supiera que Sara había aprendido lo básico por si Pedro se enojaba con ella –o con ambas que era lo más probable – y prohibía seguir con los cursos.
Justo cuando estaba a punto de llegar a la casa de la piscina, Augusto llegó y se estacionó enfrente de ella. A simple vista, no venía con nadie, se acercó y abrió la puerta y allí encontró a Alex tendida en el piso del auto, leyendo una revista.
― ¿Hola? Has llegado, por si te has dado cuenta Lex. ― agregó Paula con sarcasmo pero Alex alzó la mano como si pidiera que se callara ― ¿Qué tanto lees?
― Acabo de encontrar mi nueva afición. Tengo que conseguir una revista de estas.
Paula le quitó la revista de la mano y la alzó para ver la portada. Después la miró como si Alex hubiera perdido la cabeza.
― ¿Vanity Fair?
Alex le arrebató la revista de las manos y regresó a la página donde la había dejado, y se la enseñó a Paula.
― ¿Sabías que trae novelas romántica al final?
― Ehmm… nop. ― Paula miró a ambos lados y agregó lo evidente ― ¿Y eso qué?
― A falta de una vida sexual sana en mi ― y se auto señaló ― vida, esto ha llegado como caído del cielo. ― dijo alzando la revista.
Paula miró hacia el chofer que sonría divertido.
― Por Dios Augusto, ¿la drogaste o que?
El chofer dejó de sonreír y se acercó a ellas.
― Me dijiste que comprara algo en lo que ella llegaba. ― señaló la revista ― Eso fue lo que compré.
Alex lo apretó contra su pecho como si fuera un tesoro.
― Y ahora es mío. ― le lanzó un beso a Augusto ― Gracias guapo, ahora vámonos.
Ambas mujeres caminaron lo que faltaba hacia la casa.
Ambas aún excitadas pero por razones diferentes. Entraron en la casa, y Paula no se sorprendió de encontrar a Leandro sentando en la mesa de su comedor, bebiendo su refresco y comiendo su comida. Dejó el sándwich a medio camino y miró a Alex.
― Aquí viene la futura madre de mis hijos.
Eso bastó para que Alex saliera de sus sueños, frunciendo el ceño y haciendo una mueca de asco.
― Dios, gracias pero paso.
― Oye, eso si que me ha dolido.
La rubia ni se inmutó, se sentó en la silla frente a Leandro con su revista a la mano.
― Pues imagina cuanto me dolió a mi imaginarme siendo madre de tus hijos.
― Muchas mujeres estarían encantadas de serlo. ― contestó Leandro, afirmando su orgullo.
Por su comentario, Paula lo miró con detenimiento. Lo cierto era que Leandro era lo que las mujeres llamaban guapo. Alto, musculoso, pero no de esa clase tipo “Popeye” al comer espinacas, sino sólido. Su melena ese día estaba peinada hacia atrás, y estaba perfectamente rasurado.
― Esas mujeres necesitan una lobotomía.
Paula empezó a aplaudir para llamar su atención.
― Calma niños, calma. Tenemos tarea que hacer.
― Sí mamá. ― contestaron ambos en unísono, y sonriendo entre ellos
Una vez sentados todos en la mesa, servidos, Alex empezó.
― No tenemos forma de vincular a Díaz con lo sucedido. ― alzó el dedo para que nadie le interrumpiera ― Sin embargo, no sean pesimistas, según mis fuentes, hay un chico de su banda que desertó. Lo tienen en Protección a Testigos muy bien vigilado.
― ¿Le ofrecieron un trato? ― preguntó Leandro serio.
― Eso parece. William no me quiso decir más.
Ese era el contacto de Alex, su primo, pensó Paula. Entonces cayó en cuenta de algo más.
― William está al mando.
Alex bebió un poco de su soda, y eructó de una manera nada femenina.
― Sí, pero el muy cabrón no me quiso decir nada.
― Le hablaste de lo de Sara…
― Sí, pero tiene razón, Pau. Un secuestro truncado es poca cosa contra lo que ha hecho ese hombre.
Paula asintió. Tenía razón. Si ella estuviera en la posición de William, sabía que se jugaba muchas cosas por ese desertor.
― Muchas gracias Alex.
― Para eso están los amigos.
Hablaron un par de minutos más y después Leandro se fue, aburrido en cuanto empezaron a hablar del bebé de Jorge. Según él, no estaba para cosas de bebés y pañales todavía. Ambas mujeres se quedaron solas, platicando de viejos tiempos.
― Oye, ¿pagan bien, verdad?
Alex estaba recorriendo la habitación, desde el mueble los libros que había ahí y que no eran de ella, y las pequeñas cosas que había.
Paula recordó el incidente cuando había recibido su primer cheque de pago. Y eso que aún no se llevaba con Pedro como ahora. Pero había sido una cantidad que superaba todas las anteriores, y eso que no cobraba especialmente barato. Las palabras de Pedro habían sido “Te lo has ganado”. Con eso no podía pelear. Después de aguantar lo cabezota que era, claro que se lo había ganado.
― Al ver como vives, creo que renunciaré a mi pobre salario mínimo y me podré de guardaespaldas. Te va muy, muy bien. ― siguió Alex.
― Es en apariencia. Si vieras mi casa…
― La conozco, ¿lo olvidas?
Lo había olvidado. Su viejo departamento cerca de Pasadena parecía ahora en otra dimensión.
― Cierto. Entonces te ahorros los detalles.
Alex siguió mirando las cosas y encontró en la mesita de Paula que daba a la pared exterior una carpeta que decía accidente. Pudo más la curiosidad y la abrió para ver una fotografía demasiado explícita.
― Paula ― la llamó ― ¿Estás investigando un caso de explosión?
Ella salió de la cocina y se acercó a Alex intrigada.
― ¿Qué? No, claro que ― Vio la foto que Alex tenía en la mano y cambió de opinión ― ¿Por qué dices que es una explosión?
― Es claro. Ves esta parte de aquí. ― Alex señaló con un dedo restos quemados al lado del auto ― Son residuos de quema. ― Al ver la cara de interrogación de Paula agregó ― Cuando el auto explota se calienta, pero el daño no es tan grande. El radio de explosión es diferente a cuando una bomba, como este caso. Esto no es el resultado de una explosión de motor. Parece mas bien un coche bomba.
Paula sentía el adrenalina correr por sus venas, pero mantuvo su temple.
― ¿Como sabes tanto, Alex?
La agente no se inmutó por su pregunta.
― Desde el 11 de Septiembre nos hicieron aprender casos así, ― se encogió de hombros ― Ya sabes, para estar preparados
Alex volvió a mirar la foto y la alzó.
― ¿De qué va esto?
― Alex, déjalo. ― Paula le quitó la foto de la mano ― Te juro que después te lo explico, pero ahora no.
Alessandra no dijo nada más, simplemente asintió y ante la turbulenta mirada de Paula, decidió dejarlo. Pau parecía andar en otra dimensión.
― Vale. Entonces me voy, tengo que ir a la oficina. Dile a Augusto que ya estoy lista para irme ― pero se regresó a la mesa ― Se me olvida la revista.
Paula la dejó ir, no la acompañó a la salida, ni con Augusto.
Cerró la puerta de la casa, para estar sola. Sentía sus manos temblar, y la sangre rugir en sus oídos. Se sentó en uno de los muebles con la foto en sus manos, observándola detenidamente. Su cuerpo sentía un remolino de sentimientos centrados en su pecho. Sacó su celular del saco y marcó el número de la línea directa de la persona con la que tenía que hablar.
― ¿Beck? Soy Paula. ¿Podrías ponerme con Larry? Es urgente.
Oyó al otro lado de la línea a Beck contestarle pero no entendió nada. Paula sólo tenía atención para la foto y nada más.
― Paula, ¿Qué pasa?
Paula apretó con furia la foto, pero se detuvo.
― Tengo la primera prueba.
― ¿De qué hablas?
― El accidente de coche… Fue un asesinato.
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Wowwwwwww, qué intensos los 3 caps!!!!!! Cada vez más linda esta historia.
ResponderEliminarQue buenos capítulos! Poco a poco se va ir sabiendo que pasó! pero me da miedo los planes de Rafael!
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