jueves, 11 de junio de 2015
CAPITULO 50
Dos semanas después
Rafael Hunder dejó caer con furia el periódico en su escritorio. Las encuestas mostraban que el hijo de perra de Alfonso estaba a solo 5 puntos de diferencia de él. Aunque el llevaba la delantera, esos cinco puntos eran cruciales. Tenía que hacer algo para que aquello cambiara. La opinión pública era la variable más aleatoria de todo el mundo.
Podían decir negro un día, y por ciertas razones, decir blanco al día siguiente.
Pensó entonces en una carta que tenía reservada. Quizás, después de todo, el que Paula estuviera trabajando con Alfonso podría traerle grandes ventajas.
Alguien tocó la puerta y dio el consentimiento para que entrase.
Su ayudante John entro y esperó las órdenes de su jefe. Rafael lo miró encantado. Detrás de esa cara de niño explorador había una mente maestra, capaz de crear los peores pesadillas a su peor enemigo, o el traer el mismísimo cielo a su mejor amigo.
― Creo que tenemos que acelerar las cosas, John. ¿Has leído la prensa esta mañana?
John asintió pero agregó sutilmente.
― Pero usted sigue en la delantera, Señor, no debería preocuparse.
― Pero no quiero tentar las cosas. Tenemos que hacer algo.
― Lo entiendo señor.
― Encontraste al Dr. Timothy Randall.
― Así es.
― ¿Sabes que hacer verdad?
― Claro que sí señor. Ya tengo mi contacto con el periódico “Sun Valley” preparado para esto, como si el hubiera obtenido toda la información.
― Perfecto. Lo dejo en tus manos John.
― Recuerde que tiene una visita con la congresista Lee para ver sobre los fondos para comida para el Tercer Mundo.
Hunder pensó en la mujer arrugada de más de cien años, era una cosa asquerosa a la vista de un hombre. Pero era una de las congresistas más influyentes en toda la zona, y su mejor basa. Contar con su apoyo era contar con el apoyo de mucha gente detrás de ella.
Incluso había tenido que tontear con ella en más de una ocasión, pero luego de sus encuentros, había buscando a la primera mujer hermosa que pudiera borrarle la impresión de tocar cuero viejo.
― Sí, la vieja bruja quiere sacarme dinero. Veremos cuanto logra esta vez.
John tomó nota de algunas cosas.
― ¿Se imagina su expresión si se llegara a enterar de donde viene ese dinero?
― Sería una linda expresión, que sólo vería una vez, porque tendría que matarla y Wisconsin se tendría que buscar nueva congresista. ― dijo cada palabra con una fluidez, que parecía hablar del clima y no de cometer un asesinato.
John comprobó su agenda de aquel día.
― Por la noche, sus otros contribuyentes pidieron cita.
Eso llamó la atención de Hunder.
― ¿Hoy? Es muy raro que quieran verme cuando nos acabamos de ver sólo unos días atrás.
― No dijeron nada. Ya sabe como son.
Hunder asintió.
― Ten preparado el otro auto. Y haz que tus contactos se pongan rápidos con Randall. La noticia tiene que salir mañana.
John salió de la habitación dejando a Hunder sólo con sus maquiavélicos planes
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario