miércoles, 10 de junio de 2015

CAPITULO 46




El golpe vino sin aviso.


Solo oyó la puerta cerrarse y le sonrió a su madre, bajó la mirada y sintió un golpe, suave, pero golpe al fin, en su cabeza.


Miró a su madre contrariado, mientras se sobaba la cabeza.


― ¿Pero qué pasó?


Nadia se paró con una mano en la cintura frente a él.


― ¿Por qué no me dijiste quien era Paula?


― Mamá…


― No me vengas con ese mamá, Pedro que yo me las sé todas.


― Mamá. Te lo iba a contar.


Pero en su mirada, se veía la culpabilidad.


― ¿Cuándo? ¿Cuándo lo leyera en la prensa? Sabes que no me gusta que me oculten las cosas. Esta es mi familia, tú eres mi hijo y Sara es mi nieta. Tengo derecho a saber todo lo que pasa.


Pedro suspiró. Así era su madre, a veces demasiado franca, otras demasiado emotiva. Nadia era demasiado todo. Se levantó y ni siquiera su enorme estatura inmutó a su madre, que lo seguía viendo como si fuera un niño de diez años, corriendo por la casa. La tomó de la mano y la sentó en el sillón.


Con un suspiró, empezó.


― ¿Qué quieres saber?


― ¿Por qué la contrataste?


― ¿Por qué crees?


― Sabes que no me gusta que me contesten con preguntas. Pero tengo mis dudas sobre ello.


Pedro le contó lo mismo que le había dicho a Paula una vez.


 Le contó sobre su entrevista en Los Ángeles, y de su pequeño altercado con Larry, del cual ahora eran amigos, y de que él le estaba ayudando con la investigación de su madre (pero no sobre el beso que casi lo había quemado). 


Sobre lo que había pasado la noche antes de partir (excepto el beso de Viviana), y básicamente le contó lo que podía. 


Omitiendo detalles como el casi secuestro de Sara.


Si Nadia se enteraba de que ella había estado en peligro, no la dejaría a sol ni sombra. Era aún más sobre protectora que él mismo.


Su madre lo escuchó atentamente, preguntando algunas veces, o solo asintiendo en otras. Al final, Pedro quedó callado esperando. Nadia asentía y asentía, pero no decía nada. Al final dijo lo que él menos esperaba.


― Conocí a su madre. A la esposa de Rafael.


― ¿En serio?


Pedro sabía que su madre se había movido en círculos políticos, pero de ahí, a que conociera a la madre de Paula… era un shock.


― Para ciertas personas no fue fácil dejar a una simple criada entrar en su círculo social. Rafael era una de ellas. En cambio su madre, ― sus labios se curvaron, como si estuviera recordando algo ― Lo de la madre fue una verdadera pena, tu padre y yo estuvimos en el funeral. Este mundo es muy pequeño, más cuando sabes quién es su padre y que en aquel entonces era ya un gran líder conocido. Creo que iba por su primera candidatura para Senador.


Observando detenidamente el perfil de su madre, Pedro sabía que estaba pensando en algo que la turbaba.


― ¿Qué pasa, mamá?


Nadia lo miró saliendo de su ensimismamiento y agitó su cabeza, después suspiró y alzó sus manos para tomar las de su hijo.


― Es algo extraño, verla tan emotiva. Tan firme en la entrevista. Ver cuanto amaba a su madre. Y sin embargo…


― ¿Y sin embargo qué, mamá?


― Y sin embargo, durante el funeral de Sofia ella no estuvo presente.


Pedro quedó callado.


Cómo se le podía haber pasado ese pequeño detalle.


Recordó a Paula tensar su cuerpo cuando le habían preguntado sobre sus intentos.


― ¿Estás segura?


― Si, todos preguntaban por la pequeña Hunder, que sabían estaba muy liga a su madre, pero en el funeral y los días siguientes no apareció. Según se dijo se encontraba muy devastada por la muerte de su madre, aunque los chisme que corrieron dijeron que sufrió una gran crisis nerviosa. 
Estoy en un dilema.


― ¿Por qué?


― No confiaría la vida de mis dos seres más queridos en cualquiera, Pedro. El saber eso de ella me pone nerviosa porque alguien en sus cabales dudaría de su habilidad para cuidarte a ti y a Sara ― Pedro ya estaba abriendo la boca para defender a Paula pero su madre lo detuvo ― Aun no acabo Pedro. ― Él se quedó callado. Era su madre con la que estaba hablando ― Pero esta mujer tiene unos nervios de acero. Ayer, en el gimnasio, cuando me apuntó con la pistola… ― Pedro volví a intentar hablar pero ella no lo dejó ― Si hubiera sido la mujer asustadiza que ellos buscan, me habría disparado Pedro. Pero ella se mantuvo firme y reaccionó rápidamente.


― Mamá, siento eso.


― Que va, a tu vieja madre le hace falta un poco de acción en su vida. Vaya dilema. ¿Es Paula la chica asustadiza y nerviosa de la que los medios y todos han oído hablar, o es una mujer de temple que no quiere que nadie conozca?


Pedro tenía la misma pregunta. Y muchas más.


Y solo había una persona que podía contestárselas.




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