miércoles, 10 de junio de 2015

CAPITULO 45






La rubia alborotadora fue la primera en alzar la mano.


― Señorita Chaves, muchas gracias por brindarnos su tiempo.


Chica lista, pensó Paula cínicamente. Se ponía educada a pesar de haber sido la primera en armar la fiesta.


Se mantuvo firme y le dio una breve sonrisa.


― De nada.


― Sé que ya ha dado declaraciones en Los Ángeles acerca de su padre, pero aprovechando que está en San Francisco, quisiéramos saber algo. ― Paula asintió y observó a la rubia mirar sus notas, como creando una atmosfera de especulaciones alrededor de ellas. Alzó la mirada y habló ― Sobre sus declaraciones hechas semanas atrás, ¿Qué puede decir al respecto?


― Sigo firmemente creyente en lo que dije en Los Ángeles. A pesar de lo que la gente creyó hace años, sé que mi madre, Sofia Hunder ― recalcó ― jamás tuvo una aventura con C. D. Lowell.


Los reporteros se alzaron y quisieron ir por más. Otro reportero de una cadena de televisión fue por ella.


― En la cena de caridad en el Centro Nacional para la Preservación de la Democracia, tuvo una pequeña confrontación con la prensa y salieron varias cosas a relucir. ¿Qué hay de cierto en que sufrió una crisis justo después de la muerte de su madre, al punto de querer suicidarse?


Paula se tensó, pero no dejó traslucir sus sentimientos. 


Aquella cama blanca, tan etérea, había sido su ruina.


― Sólo voy a decir esto, y es que jamás, jamás he atentado contra mi vida. ― contestó Paula con todo su autocontrol por la gran mentira que iba a decir ― Sí, sufrí una pequeña recaída emocional, ¿pero quien no lo pasaría mal al saber que tu madre está muerta?


Aunque ella había sufrido más que una recaída, pero jamás contaría aquello.


― Pero su trabajo es muy arriesgado ― comentó otro hombre apuntándola con un bolígrafo ― No cree, que eso es atentar con su vida.


― Alguien tenía que hacerlo. Imagine a una Whitney Houston sin su Kevin Costner, hubiera sido un terrible final para la película. ― Los reporteros rieron de la broma insulsa y Paula siguió ― Nadie dice que no sea un trabajo arriesgado. Lo es, punto. Pero es para lo que soy buena. Al igual que un músico de piano, que nace solo para ese instrumento, no puede tocar el violín. No hay música con él.


Vio caras sorprendidas, otros de admiración, pero lo que Paula quería era irse de ahí.


― Usted dijo ― volvió la rubia ― que demostraría los misterios que rodean la muerte de su madre, ¿ha empezando ya la investigación? ¿Desea compartir algo?


Sus pensamientos volaron hacia Larry. Tenía que hablar con él, pero sobre su tumba si alguien se enteraba de ello.


― Por el momento, no tengo nada que compartir.


― El hecho de que esté trabajando con el Sr. Alfonso, ¿quiere decir que apoya su política de tolerancia? ― preguntó un hombre de barriga prominente.


― Entré aquí por mi trabajo. ― miró de reojo a Pedro ― Les confesaré que para han sido pocas las veces que he podido votar, siempre andaba en otro lugar por trabajo, o simplemente, no quería hacerlo. Las mismas promesas, los mismos hombres. Vaya, hasta parecían heredar el puesto ― risas. Miró a quien había hecho la ultima pregunta ― ¿Puedo preguntar su apellido?


El hombre enarcó las cejas, confundido.


― Wollowitz.


― Judío. Europeo. Inmigrante ― él asintió. ― Pues bien Sr. Wollowitz, creo que su familia como muchas, ha venido a este país por algo. Un futuro mejor. No ser oriundo del lugar le trajo problemas, y sin embargo, está usted aquí. ¿No cree que todos merezcan las mismas oportunidades? ― el hombre asintió ― Pues él quiere eso.


― Una gran vocera tienes ahí, Alfonso ― gritó otro hombre.


Pedro sonrió, con su madre del brazo. Paula miró a Carlos que le mandaba un mensaje de “córtala ya”.


― Sólo una cosa antes de que Carlos me corra ― los reporteros voltearon a ver a Carlos y este cambio el ceño por una sonrisa haciéndola reír a ella y a todos en la sala ― A pesar de quien es mi padre, me gustaría que por primera vez, vieran en mi, algo más que la hija de Rafael Hunder. Y chicos, la próxima vez que quieran hablar conmigo, háblenme. No le quiten su protagonismo al Sr. Alfonso. Gracias.


Empezaron los aplausos mientras caminaba hacia Pedro


Notó que Nadia la miraba de una manera extraña, pero actuó lo mejor que pudo. Carlos volvió a dar las gracias y dieron por terminada la entrevista. Pedro marchó primero por el pasillo del hotel hacia el elevador. Su madre iba a su lado con Miguel y Paula detrás de ellos. Carlos, Viviana y Ramiro se quedaron atrás. Por el intercomunicador les dio órdenes a Octavio y Mauricio de seguirla.


Al menos por ese día, había sobrevivido.








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