martes, 16 de junio de 2015

CAPITULO 67






Sara alzó y dejó caer su mano por tercera vez. Había salido de su habitación, y bajado las escaleras muy decidida pero al llegar al despacho de su padre y ver la enorme puerta, se había acobardado en el último segundo. Su padre había vuelto a ser el de antes, reservado y distante. Incluso una noche lo había oído discutiendo con su abuela y Miguel.


Coco se frotó contra sus tobillos, exigiendo su atención. Sara sonrió y se inclinó para acariciarle la panza, pensando en Paula. Entonces miró la puerta, estiró la mano y apoyó la palma de su mano sobre ella. Las cosas habían salido peor de lo que había esperado. Ella había esperado que quizás, sólo quizás, su padre y Paula se hicieran novios. Había visto la mirada de su padre cuando él observaba a Paula, pensando que nadie lo observaba a él, y era como en la película de Pretty Woman, la mirada risueña, los suspiros profundos, las risas escondidas. Quizás había malinterpretado las señales.


O quizás…


O quizás era como en la película, y los adultos habían tenido su pelea.


Las relaciones amorosas era todo un misterio para ella.


― Quédate aquí, Coco. ― susurró a la gata y se paró.


Se acomodó la blusa que llevaba, de mangas amarillas y con colores azules y rosa, tenía una gran “Barbie Girl” en la parte delantera, y entonces tocó con fuerza. Oyó a su padre contestar y se adentro en la habitación. Asomó la cabeza primero, y lo observó por unos segundos, encerrado en unos papeles que tenía delante.


Al no percatarse de ningún ruido, Pedro alzó la cabeza y vio a Sara. Ella sonrió y su padre le hizo señas de que se acercara. Lo hizo hasta llegar al escritorio.


― Hola cariño, ¿qué sucede?


Sara lo miró con detenimiento. Tenía ojeras como Frankenstein en las películas, y aunque vestía un traje su aspecto daba a entender que faltaba algo. Se veía apagado, como si hubieran quitado las luces a su alrededor. Frunció los labios y miró hacia los papeles que tenía entre las manos.


― ¿Estás muy ocupado?


Con un golpe, su padre cerró la carpeta y le extendió los brazos.


― No, claro que no. Ven y acércate.


Y así lo hizo. Se sentó en sus rodillas, como hacía mucho tiempo no lo hacía. Se sentía incluso extraña. Quería abrazarlo, darle algún confort pero antes tenía que quitarse ese peso de encima. Aún podía recordar las palabras de su padre durante la discusión con Paula. No había entendido toda la conversación, porque estaba entre temerosa de la reacción de ambos y molesta con la Señora Perkins a la que no le dirigía la palabra más que lo estrictamente necesario.


― Papi…


― ¿Sí?


― Prométeme que me vas a escuchar y no me vas a interrumpir. ― Vio las cejas enarcadas y las arrugas que se formaron la frente. Iba a decir algo, pero ella insistió ― Prométemelo.


― Bueno, pero si esto lleva castigo, no creas que no te salvaras.


Sara sonrió. Jamás la había castigado, por nada. Tomó una buena calada de aire y se lanzó.


― Lo que vengo a decir es acerca de Paula. ― al ver que iba a romper su promesa, le dio una mirada que ya había ensayado frente al espejo. Pedro no dijo nada y ella asintió ― Creo que ella tiene razón. Acerca de lo de la seguridad. En primera, yo fui la que insistió en esas clases, papá. ― No le iba a decir que había sido con Leandro con el que había empezado. Ya era suficiente con que Paula no estuviera en la casa. ― Yo fui la que lo pidió, y ella me dijo que te lo contara. Pero fui yo la que decidió no hacerlo. Yo, no ella. ― Vio la pregunta en sus ojos y agregó ― No quería decírtelo por esto. Por lo que dijiste en la casita. Sé que antes me escondía detrás de ti, pero no quiero seguir así. Yo pienso que es genial lo que hace. Todos deberían saber defenderse, pero solo usarlo cuando estén en peligro. Si algo como lo sucedido hace meses vuelve a pasar, quiero estar preparada.


― Sara, jamás te pasará algo.


Había roto la promesa, pero se lo pasó por alto.


― Pero tú no lo sabes, papá. No podemos prometer a los demás que siempre estarás ahí para salvarlos, pero si podemos prometer a nosotros mismos que lo haremos. Cuando estamos solos, sólo contamos con nosotros mismos y nada más.


― Sara, tú no estás sola. ― insistió Pedro.


― ¿Pero que pasaría si un día me encuentro así? Quiero ser el súper héroe, no la damisela en peligro.


Pedro asintió y envolvió entre sus brazos a su hija. Sara le devolvió el abrazo. No sabía si lo que había hecho servía de algo, pero esperaba que sí.



* * * * *


Rafael miró el tablero y después a su contrincante. Tenía un peón jugando entre los dedos, mientras analizaba el campo. John entró en la estancia y le dejó unos papeles en la sala. 


Rafael dejó el peón en la mesa y tomó la copa en su lugar. 


Señaló con la cabeza hacia el minibar.


― Toma un trago John, tenemos que celebrar.


Siegel asintió y miró al señor D.


― Encantado señor.


― Siéntate John, descansa un rato.


Observó a su ayudante sentarse en una silla entre él y el otro jugador. Miró el tablero de ajedrez. Dio su movimiento y esperó el siguiente. Miró entonces a su mayor confidente.


― ¿Sabes John? El ajedrez es un juego sorprendente. La agudeza que uno debe tener en este juego es increíble, tienes que viajar entre presente, pasado y futuro. ― Vio a su oponente pensar y dudar y sonrió, después volvió hacia su punto inicial ― Pensar en que si una pieza se mueve tienes que pensar e todas las probabilidades que hay. En las jugadas que tu contrincante hará después de esa movida, las formas que tienes para salvarte, todo.


Rafael pensó en las fotos que le había dado a Paula. Era una pena, le habrían servido de mucho, pero no necesitaba más atención sobre Alfonso. Cuando la jugada fue hecha, Rafael lo analizó todo. Y no sólo estaba pensando en el juego. Sus labios se curvaron, unos segundos y esa fue todo el indicio que Guillermo necesitó para saber que había perdido. Tomó al rey y lo colocó en la casilla correspondiente.


― Y entonces, cuando menos lo esperas, en un momento de distracción, te encontraras que has ganado, y te has desecho de los problemas. De todos los problemas. ― Alzó la mirad y oyó maldiciones ― Jaque mate mi querido amigo.


Guillermo Díaz, o el Señor D, como era conocido por ellos dos, dejó de injuriar y soltó una carcajada estruendosa. Alzó la copa que tenía y brindó con ambos para después llevársela a los labios.


― ¿Lo ves John? Lo que necesitas es distracción y entonces, has ganado. Adiós problemas.


Y su problema se llamaba Paula.


Ahora, sólo faltaba la distracción.



* * * * * *


Maite contestó al tercer timbrazo, mientras se secaba el cabello mojado con una toalla.


― ¿Diga?


Se oyeron movimientos del otro lado de la línea.


― Hola cariño, ¿Cómo esta nuestra chica?


May se dejó caer en el enorme sillón verde limón que había en la sala comedor antes de contestarle a Marla. Recargó su cabeza contra el respaldo y dejó caer la cabeza mirando el techo. Había dejado a Paula en sus cosas, después de obligarla a comer. Sólo le había dado una mordida a la pizza –ella no era muy buena cocinera- y eso había sido todo.


― Al menos la hago comer.


― ¿Ha dormido?


― No creo que mucho, Tiene ojeras.


― El otro día hablé y me dio un cortón. Espera…. ― se oyó al pequeño Samuel al otro lado de la línea haciendo gorjeos ― Lo siento, le estoy dando pecho a Samuel. Te decía que le hablé y la llamada no duró ni treinta segundos.


Maite se levantó y se fue hacia el refrigerador a servirse un poco de té helado, colocándose el teléfono en el hueco entre su cuello y el hombro.


― Créeme, si estuvieras aquí, sería igual. Hablo con ella, si es que a eso se le puede llamar hablar, pero es como hablar con la pared. Sólo mueve la cabeza, ni siquiera pude sacarla de su ensimismamiento cuando le dije que iba a rentar un Bentley para ir a pasear todo el fin de semana.


― ¿Ibas a rentar un Bentley?


― ¡Claro que no! Mi salario de pintora fracasada no da para tanto. ― volvió al sofá y se dejó caer ― La cuestión es que no pude hacerla reaccionar ni con eso. ¿Entiendes?


― Vaya, está mal


― Ni que lo digas. Encima dejó a Coco con los Alfonso.


Aquello sí que dejó a Marla más que sorprendida. La dejó preocupada.


― ¿Olvidó a Coco?


― Si, bueno una larga historia que se resumen en que prefiere dejar a la gata con la niña, que quitársela.


― ¿Va a dejar a Coco con ellos?


― ¿Al fin lo has entendido?


Claro que lo entendían. Todos los cercanos a Paula sabían que pasaba. Paula se estaba cerrando a todo.


― Tenemos que hacer algo.


Maite tomó un gran sorbo de su bebida y se pasó el vaso contra su frente.


― ¿La pregunta es que?








5 comentarios:

  1. Wowwwwwwww, que de cosas tienen q pasar antes del jueves que termina esta historia. Buenísimos los 3 caps.

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  2. Dios mio.. paso de todo, pero que se prepare Rafael, ella lo va a destrozar. Confiesoque me dolio cuando pedro le dijo queda DESPEDIDA

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  3. Dios mio.. paso de todo, pero que se prepare Rafael, ella lo va a destrozar. Confiesoque me dolio cuando pedro le dijo queda DESPEDIDA

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  4. Que capítulos tan triste! Que lacra el papá de Paula obligándola a hacer lo que hizo! Espero ansiosa el desenlace de esta historia!

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