viernes, 29 de mayo de 2015
CAPITULO 9
Caos
En una sola palabra podía definir esa casa.
Todo era un caos. Gente yendo de un lado para otro, paseándose por la sala a la cocina, de la cocina al a la oficina, de todos lados a todos lados. Por lo visto, aún no sabía a donde se había metido.
― ¿Quiénes son todas estas personas?
La pregunta, que más bien, era para sí misma, la había dicho en voz alta. Todos estaban encerrados en un gran salón, con las puertas abiertas, y Paula podía observarlos a todos.
― Son los ayudantes de papá. ― habló Sara ― Ahí están Ramiro y Miguel ― Sara señalo al abuelito, que estaba junto a un hombre de color, alto y fornido, de aspecto duro hablando sobre papeles, y después señaló a otro pequeño grupo ― Ese de allá es Andres con Magdalena, y Daniela. Y después están Carlos y Viviana.
Paula observó primero al hombre. Por lo que sabía, era el líder de la campaña de Pedro, y aparecía en todos los periódicos a cada momento. Su asesor, y vocero de campaña. Si había una forma de describirlo, bien podía ser como el típico hombre de Washington. Corte perfecto, traje ala medida, un cuerpo bien trabajado, en la plenitud de sus casi cuarentas.
Desvió su atención ahora hacia la mujer. Clarisse tenía toda la razón. Se veía como una futura esposa de congresista.
Era alta, incluso unos centímetros más que ella, con un cuerpo curvilíneo bien cuidado, de tez blanca, con su cabellera de un tono rubio plateado. Su nariz era perfilada y sus pómulos altos, era probable que causara envidia de las mujeres. Aunque no podía distinguir el color de ojos, estaba casi segura de que serían azules. Llevaba una falda recta negra y una blusa sin mangas blanca, acompañada de unos zapatos de tacón de aguja y un collar de perlas adornando su cuello de cisne. En conjunto, esa mujer gritaba por todos lados perfección. Pensó en su vestimenta. El patito feo había llegado.
― Bienvenidas ― Alfred-Jaime estaba frente a ellas. Tenía una ceja alzada, contemplando a Paula con la mochila de Sara ― Espero que su día haya sido fructífero. Sara, Mar la está esperando para servirle la comida.
― Gracias Jaime. ― Después miró a Paula y después de pensar varios segundos preguntó ― Señorita Chaves, ¿comería conmigo?
Paula no estaba acostumbrada a llevar un horario de comida, pero estaba casi segura de que la pequeña comía sola en ese gran comedor de roble que había en la casa. Le tendió la mochila a Sara.
― Con dos condiciones, primero, que me permitas primero hablar con tu padre sobre un par de cosas, y segundo, que me llames Paula, ¿vale?
― Esta bien… Paula.
Jaime se mantuvo al margen de la situación, sin decir nada y acompañó a la pequeña escaleras arriba. Entonces Paula reaccionó.
― Espere, Jaime.
― ¿Sí, señorita? ― enfatizó el “señorita”, para remarcar que aún no pensaba tutearla. Paula quiso reír de la actitud de Jaime pero decidió no hacerlo.
― El Sr. Alfonso, ¿Dónde está?
― Está en el despacho hablando por teléfono. Pidió que no se le molestara a menos que fuera una emergencia.
― Pues esto lo es. Gracias Alfred.
Le dio una despedida casi militar y se fue hacia el despacho de Paula. De espaldas a ellos, pudo escuchar a Jaime preguntar.
― ¿Alfred?
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Me re gusta esta nove y eso que recién empezó!
ResponderEliminarMuy buenos los 3 caps. Imagino que se avecina una tormenta después de la charla entre Pedro y Paula jajaja
ResponderEliminarMuy buenos capítulos! lo va a interrumpir? qué es eso tan urgente que le quiere decir?
ResponderEliminarPaula se siente parecida a Sara, creo q van a ser grandes amugas jajajaaj , muy buena historia !!!
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