viernes, 5 de junio de 2015

CAPITULO 30





Paula llegó a la Mansión Alfonso después de las once de la noche. Había hablado con Leandro antes y le había informado de su pequeño cambio de planes. Se había ido a una tienda de café, y había sacado el folder que llevaba consigo. Se había llevado dos horas para leer todo lo que contenía, y cuando pensaba en todo, era todo. Fotos, archivos, cintas, recortes. Ni siquiera tocó la taza de café que la joven le había llevado. Sólo había buscado un lugar donde pudiera leer tranquilamente.


Se estacionó en la entrada, y apretó el botón del intercomunicador.


― ¿Sí? ― habló una voz robotizada de Leandro. Paula sabía que la estaba viendo desde la cámara de seguridad.


― Lean, soy Paula. Abre.


― Código de activación por favor.


En otro momento, Paula le habría seguido la broma, pero en ese momento, tenía otras cosas en mente.


― Lean, abre ya.


― ¿Estás bien? ― Ese sí era Leandro, serio y profesional.


Si bien Leandro era un viejo amigo, no se sentía con ánimos para charlar con él.


― Sí, es que tuve una pequeña discusión con May. ― Odiaba mentir, pero en ese momento era mentir, o contar la verdad. Y la verdad dolía mucho ― Mañana la contento.


― Que esté aquí no quiere decir que pueda ir a pasear con tus amigas, jovencita.


― Sí papi, lo siento. Prometo irme a la cama temprano. ― Acercó su cara a la cámara y al megáfono ― Ahora, abre la jodida puerta, antes de que termines con otro golpe en cierta parte que sé que te dolerá mucho.


Oyó el ruido de la reja al empezar a abrirse y entró. Fue directamente al garaje y metió el auto. No se molestó en ponerlo bien, sólo quería encerrarse en su cama y dormir. Pero se detuvo al ver una silueta sentada en las tumbonas cerca de la piscina.


― Paula.


Era Pedro. Se levantó de la silla y se acercó a ella. Paula frunció el ceño, extrañada de verlo esperando por ella.


― ¿Sucede algo?


― No, nada, sólo quería saber como te fue con Larry.



Alzó los ojos al cielo y fue a abrir la puerta de su casita, con Pedro pisándole los talones.


― ¿Te habló, no es así? ― entraron a la casa, y Paula prendió las luces de la estancia.


― Se preocupó por ti. Y yo igual.


Eso la detuvo. Se giró para mirarlo. Jorge se preocupaba por ella, porque era como su pequeña hermana. Jen también, porque era como su hija. Maite era su mejor amiga, pero era tan extraño que otras personas se preocupasen por ella. Se dejó caer en el sillón, cansada. Recargó sus codos contra sus piernas, abatida.


― Jamás había visto fotos del accidente. ― confesó Paula calmada Cerró los ojos y las imágenes volaban a su cerebro. Era como si pudiera oler la carne quemada ― Todos estos años, y jamás vi una foto. Y ahora, todas de un solo golpe. Fue… ― Sintió su barbilla temblar, y la respiración pesada, como si tuviera los pulmones aplastados ― Fue demasiado-
Pedro no sabía que hacer. Ver a una mujer que te podía derribar con diez técnicas diferentes al suelo, llorar, era algo fuera de su elemento. Incluso pensó que Paula no era conciente de la primera lágrima que se deslizaba en sus mejillas.


― Paula…


Pero ella parecía estar en un trance, con la mirada perdida en ningún punto. Se sentó a un lado de ella, pero Paula si quiera se movió.


― Estuve tratando de recordar ese día, pero no puedo. 
Pensé que lo tenía grabado al pie de la letra en mi cabeza, pero ahora que necesito saber… no tengo nada. Ningún recuerdo claro, solo pequeñas fracciones.


― No te esfuerces, vendrán a su tiempo.


― ¡¡¿Es qué no lo entiendes?!! ― Entonces Paula lo miró a la cara. Se veía tan… no había palabras para definirla, pensó Pedro. A pesar de sus ojos rojos, y de las líneas brillantes que las lágrimas habían dejado en su viaje, se veía hermosa. Y se veía triste. Desolada.


― Paula, cálmate. ― Sin saber como, se vio abrazándola, rodeándola con sus brazos.


Paula empezó a negar, y se colocó una mano en el vientre.


― Siento algo en las entrañas que me dice que estoy olvidando algo importante. Recuerdo a mamá diciendo que iba a hablar con mi padre, después la recuerdo escuchando en la puerta, le hablé pero ella me hizo señas para que me callase, la siguiente es de una pelea y después a alguien diciéndome que ella está muerta. ― aprensando los labios con fuerza miró a Pedro ― Que…


Pero lo que iba a decir se le fue en ese momento. Estaba a unos milímetros del rostro de Pedro, de sus labios, volvió a mirar sus ojos marrones, que también iban de su boca a sus ojos.


― Paula…


“No te involucres”


“No te involucres”


“No te involucres”


A la mierda Leandro, pensó Paula, y cuando por fin había tomado la decisión, Pedro Alfonso la estaba besando.






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