lunes, 1 de junio de 2015
CAPITULO 17
Las preguntas volaron y volaron. Incluso el ambiente se sintió relajado.Paula observó que Larry había decido llegar a tierra neutral en la entrevista y había dejado los temas hirientes a un lado. Paula se descubrió a si misma hablando en voz alta como no lo hacía en años, acerca de su madre.
Siempre había reprimido esa parte, y no por vergüenza, sino porque siempre acaba a los golpes o hiriendo a alguien.
Habían tenido un par de interrupciones, como cuando Carlos había pedido a Pedro que regresase a su trabajo, obteniendo de este una respuesta nada caballerosa y logrando que Carlos se fuera echando humo. Paula se alegró por eso bello momento. El hombre aún no le pasaba.
Después había llegado Viviana, y esa había ganado, consiguiendo que Pedro se marchara.
No supo porqué pero le molestó que fuera Viviana quien hubiera conseguido que se fuese. Aún así, agradeció la presencia de Miguel.
― ¿Quiere hacer una declaración oficial acerca de los misterios que envuelven la muerte de su madre?
El tío era listo, eso tuvo que concedérselo, pensó Paula.
Había hecho la pregunta con delicadeza y profesionalidad en vez de abordarla como lo había hecho antes, además, remarcó la palabra “oficial”, dándole a entender que eso, sí se publicaría y que ahora todo dependía de ella.
― Hace años, cuando mi madre murió, era sólo una niña que no podía decir ni opinar nada. Pero hoy soy una mujer adulta que puede hacer cara a la verdad. Por mi parte, ella jamás tuvo una aventura con nadie.
“Oh cielos, primera plana, allá vamos”, pensó Larry.
― Entonces, ¿Qué relación cree que existió entre Sr. C. D. Lowell y ella para hacerlos partir a México juntos?
― Ninguna. Y me encargaré de demostrarlo. Me encargaré de limpiar el nombre de mi madre.
Larry dibujó una sonrisa en su rostro de satisfacción. La entrevista había ido más que bien, aunque le hacía falta su foto. Cuando Paula Chaves posaba para la cámara parecía un poste de luz: tiesa.
Mariana entró entonces preguntando si Larry y compañía se quedarían a almorzar. Larry aceptó y Paula vio que sus ojos brillaban como si le acabasen de dar un regalo de navidad.
Miró su reloj y vio que habían acabado justo a tiempo. Dado el tráfico que se encontrarían, llegarían a buena hora para recoger a Sara.
― Si me disculpan, tengo que irme. Sara sale en una hora.
Se despidieron y Paula salió en busca de Augusto. Miguel esperó a que ella estuviera fuera del campo de audición y miró con reproche a su viejo amigo.
― ¿Qué rayos pasó esta tarde?
Larry apagó la grabadora y la miró como si fuera el mismo premio Pulitzer: con admiración, clamor, y expectante de lo que traería después. Sacó el pequeño casete de la grabadora y lo empezó a girar.
― Esto, amigo, es de las mejores exclusivas que he tenido en mi vida.
Miguel se sentó enfrente de él, justo donde Paula había estado sentada minutos antes.
― Creo que Pedro y yo dejamos claro que todo tema acerca Sofia se iba a quedar a un lado. Esto era sólo para amenizar al enemigo y al público, hablar de la nueva guarda. No para que tú sacaras provecho de esto.
Larry dejó de jugar con la cinta y la encerró en su gordo puño, alzó un dedo y le aclaró un par de cosas.
― Miguel, tienes que ser conciente de que aún siendo tu amigo, un viejo, viejo amigo, soy antes que nada, un maldito reportero, que solo respira noticias y noticias.
Dejándose caer sobre el respaldo del asiento, Miguel miró fijamente a Larry.
― ¿Eso te lo dijo tu segunda esposa?
Larry se echó a reír, y el ambiente se relajó.
― La tercera. La segunda dijo que era un mal nacido hijo de perra tacaño. ― Alzó los hombros como si no le importara ― Un abrigo de Ming, ¡por favor! Con eso podría pagar una nueva casa.
― No quiero saber lo que dijo la primera.
Larry sacó su cajetilla de cigarros y prendió uno.
― Que no quería seguir casada con un hombre que tenía una erección leyendo un periódico que viendo a su esposa desnuda.
Miguel se tapó los oídos, en broma.
― Dije “no quiero saber” ― Se quitó las manos ― Y no quería. Pero no cambies de tema, ¿Qué fue todo esto Larry?
― No te mentiré. Esto ― y volvió a enseñar la cinta ― Es un paso a la fama. Pero… ― alzó la voz para que Miguel no que le interrumpiese ― no es sólo eso. Ven acá. Cuando intenté investigar ese “accidente” como todos lo llaman, nadie, absolutamente nadie quería leer algo de eso. Dime, pues, ¿Qué medio de comunicación deja escapar una oportunidad como esa?
Larry había tratado de ir por ese lado de la noticia. Y se había dado con topes. Su olfato de reportero le había dicho que ahí, había algo, algo que querían esconder. Y ahora, después de muchos años, podía indagar. Se sentía tontamente en deuda con una mujer que sólo había visto una vez. Pero aquella mujer lo había marcado.
― La chica me cae bien. No quiero que salga lastimada. ― Las palabras de Miguel lo trajeron de vuelta a la realidad.
― Aunque no lo parezca a mí también me cae bien. Es sólo que estoy haciendo apuestas por ella.
Miguel empezó a bailar su cabeza de un lado a otro
― Larry, Larry, Larry… ― Cantó Miguel.
― Vamos Miguel. Yo te pasé toda la información que querías de ella. Lo mínimo que me debes es esta preciosa reunión.
― Vamos adentro. Estoy seguro de que Mariana tendrá algo para entretener ese demonio que llamas apetito.
Larry se levantó y lo miró seriamente.
― No juegues con mi estómago, Miguel.
Entraron a la casa olvidándose de que horas antes, Larry había estado apunto de perder su cabeza.
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